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Carlos Torres Piña es el Bueno

Carlos Torres Piña será el candidato de Morena para contender por la Gubernatura de Michoacán en 2027.

La resolución comunicada el lunes por la dirección nacional significa mucho más que una simple candidatura para el político naciente de Paracho: concreta una de las reinvenciones más notables en la política actual de Michoacán.

En menos de tres años, Torres Piña pasó de enfrentar dos fracasos que lo colocaban cerca de alejarse de la alta política, a ser el señalado con el cual Morena intentará mantener el control del gobierno que dirige Alfredo Ramírez Bedolla desde 2021.

Carlos Cordero/Quadratín México
Primero falló en su hogar
En diciembre de 2023, aspiró a la candidatura de Morena para el Senado y alcanzó la fase decisiva con la certeza de que las encuestas internas le eran favorables. Sin embargo, Morena finalmente eligió a Celeste Ascencio y Raúl Morón Orozco como sus candidatos.

Este revés incorporó un componente político adicional: Morón, uno de sus principales competidores en la izquierda de Michoacán, ocupó el puesto que Torres Piña había buscado ansiosamente por meses.

Lejos de rendirse, se mostró disciplinado y leal a la institución.

Se aproximaba otra derrota.

En 2024, Morena lo designó para competir por la Presidencia Municipal de Morelia frente a Alfonso Martínez Alcázar. Nuevamente fue infructuoso.

El panista obtuvo la reelección con 159 mil 662 votos y un 43.5 por ciento de los sufragios.

Dos derrotas en sucesión podrían haber anunciado el ocaso. No obstante, no fue el caso.

Torres Piña fue reintegrado al gabinete de Alfredo Ramírez Bedolla como titular de la Secretaría de Gobierno, lo que le permitió recuperar visibilidad, operatividad territorial y relaciones políticas.

Posteriormente, se presentó el giro más inesperado en su trayectoria.

El 27 de julio de 2025, el Congreso del Estado lo nombró fiscal general de Michoacán. Asumió el cargo en una entidad tradicionalmente alejada de la competencia electoral, enfrentando una de las tareas más complejas: investigar delitos y buscar justicia en una región asolada durante años por la violencia.

Curiosamente, la Fiscalía se transformó en el ámbito de su reinvención.

Alberto López/Quadratín Michoacán
García Harfuch transformó su perspectiva
Fue precisamente allí donde Torres Piña forjó una relación imposible de disociar de su ascenso político: la que estableció con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.

Apenas siete días después de asumir la Fiscalía, Torres Piña se reunió con Harfuch para crear un esquema de colaboración constante. Posteriormente, se llevaron a cabo operativos conjuntos, compartición de inteligencia y acciones contra objetivos de alta jerarquía en el crimen organizado.

La relación se tornó más que meramente protocolaria.

Torres Piña empezó a involucrarse de manera constante en las actividades del Gabinete de Seguridad, y la Fiscalía de Michoacán halló una interlocución directa con el equipo de Harfuch, así como con las áreas de Defensa, Marina y la Guardia Nacional.

Sin embargo, el momento decisivo ocurrió tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.

Este crimen impactante puso a Michoacán en el centro de atención nacional y sometió a la Fiscalía a una prueba de gran envergadura política, criminal y mediática.
La investigación se llevó a cabo en estrecha colaboración con el Gobierno federal. Harfuch mismo reconoció abiertamente el respaldo de Torres Piña y de la fiscalía de Michoacán en las indagaciones que facilitaron la identificación de involucrados y el avance hacia los supuestos autores intelectuales.

Torres Piña afirma que dejó la investigación con logros cercanos al 90 por ciento y con numerosos detenidos.

A lo largo del proceso, ocurrió algo más complicado de cuantificar, pero de alta relevancia política: el fiscal de Michoacán ganó confianza dentro del círculo federal encargado de la seguridad.

En particular, con Harfuch.

Carlos Torres Piña, comunicación social
A partir de esto, ha surgido una versión que ha circulado con insistencia entre los círculos políticos de Michoacán durante varios meses: el influyente secretario federal se convirtió en una especie de padrino político de Torres Piña de cara a 2027.

El propio aspirante ha desmentido esto públicamente: “No tengo padrinos, tengo un proyecto”, respondió ante las preguntas sobre el tema.

Sin embargo, en política, las percepciones son importantes.

La cercanía operativa con uno de los funcionarios más cercanos a la presidenta Claudia Sheinbaum se ha convertido en un recurso valioso que Torres Piña no poseía al perder las candidaturas de 2023 y 2024.

Alejandro Hernández/Quadratín Michoacán
De Paracho a la revancha
Carlos Torres Piña nació el 1 de marzo de 1979 en Paracho, en el seno de una familia de educadores rurales. Es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Michoacana.

Su trayectoria política se desarrolló en el PRD, donde ascendió casi por completo en la estructura partidaria: fue consejero, secretario general y líder estatal. Además, ha sido diputado federal en dos ocasiones.

Se separó del perredismo y se unió formalmente a Morena en 2019.

Con la llegada de Alfredo Ramírez Bedolla al gobierno estatal, se convirtió en uno de sus principales operativos desde la Secretaría de Gobierno, cargo que le permitió construir una estructura territorial y establecer vínculos con alcaldes, organizaciones, partidos y comunidades.

No es un político destacado por grandes discursos ni particularmente ruidoso. Su fortaleza ha radicado en la gestión y el ámbito territorial.

Y esa maquinaria perduró a pesar de sus derrotas.

La determinación de Morena ahora conlleva un elemento ineludible de revancha.

Raúl Morón, quien obtuvo la candidatura al Senado cuando Torres Piña quedó relegado en 2023, nuevamente se cruzó en su camino, esta vez por la candidatura más relevante del estado.

Carlos Torres Piña, comunicación social
Pero en esta ocasión, la historia tuvo un desenlace diferente.

Torres Piña llegó a la definición fortalecido por diversas encuestas que lo posicionaron como el primero durante meses, mientras Morón vio disminuir su apoyo.

Así, el individuo que hace menos de tres años tuvo que aceptar con disciplina una decisión que lo dejó sin la candidatura al Senado es ahora el designado para liderar el movimiento hacia Casa Michoacán.

A sus 47 años, llega tras haber sido líder partidista, dos veces diputado federal, secretario de Gobierno, candidato a presidente municipal de Morelia y fiscal general.

Sin embargo, tal vez su credencial más importante para esta nueva contienda no figura en ninguna trayectoria formal.

Sufrió dos derrotas, pero logró sobrevivir a ambas.

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