El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla vuelve a demostrar que, más que liderar la política michoacana, parece limitarse a obedecer decisiones tomadas desde mucho más arriba. La definición en favor de Carlos Torres Piña exhibe que el gobernador no tuvo el control que presumía dentro de Morena.
Muchos creíamos que Raúl Morón tenía una deuda política pendiente, claro no con el Gober y que sería recompensado. Sin embargo, la decisión fue otra: Carlos Torres Piña se impuso en las preferencias y en la operación política. No es un detalle menor. Torres Piña no representa la vieja guardia del PRD ni la de Morena tradicional que ha acompañado a Morón y a otros grupos históricos; representa una nueva etapa, más cercana a las decisiones de la Presidencia que a los intereses del gobernador.
Claudia Sheinbaum comienza a marcar distancia de MALITO y de quienes todavía pretenden gobernar desde la nostalgia o el parentesco político. La presidenta parece estar entendiendo que necesita construir su propia fuerza, a final de cuentas ella es la Presidenta, y con figuras que no dependan de los viejos acuerdos ni de los grupos que hoy tienen desgastada a Morena en Michoacán.
En ese escenario, Alfredo Ramírez quedó mal parado. Apostó todo por su grupo, impulsó a Gladys Butanda y, según la percepción de muchos actores políticos, cerró el paso a otras aspiraciones. También creyó que podía mantener contento a Carlos Torres Piña con promesas y gestos menores. Pero la candidatura dejó claro que no fue así.
El gobernador quiso jugar como estratega, pero terminó como un peón. Se equivocó al pensar que el poder estatal era suficiente para imponer condiciones y subestimó a quienes tienen comunicación directa con la Presidencia. Ahora tendrá que convivir con un proyecto político que no controla y que, si llega al gobierno, difícilmente olvidará quién intentó frenarlo.
Además, Torres Piña no tendrá un camino sencillo. Grecia Quiroz representa una fuerza que no puede ser ignorada, no por ser independiente, sino porque recoge el respaldo y la simpatía de una parte importante de la población vinculada con la memoria de Carlos Manzo. Cualquier candidatura ajena a Morena tendrá que ser tomada en serio.
Alfredo Ramírez Bedolla queda, una vez más, exhibido por sus malas lecturas políticas: apostó por los suyos, dividió, confrontó y creyó que podía administrar las ambiciones de todos. Pero Michoacán ya le mostró que no manda tanto como presume. Y cuando llegue el momento de rendir cuentas por el uso del poder y los recursos públicos, alguien tendrá que responder. y Al parece va en camino directo como Silvano, solametne para esconderse y difrutar del dinero robado.
