Antonio Lara Barajas, quien se autodenominaba Martín de Tours, fue el líder espiritual de la comunidad Nueva Jerusalén en Turicato y falleció el pasado martes, según un comunicado emitido por la misma organización que dirigía, sin que se hayan dado a conocer hasta ahora las razones del fallecimiento.
A través de un comunicado oficial, la entidad conocida como Diócesis de la Nueva Jerusalén confirmó el fallecimiento de quien era considerado su “obispo” y líder espiritual, al expresar que “hoy, la comunidad lamenta la pérdida de un guía espiritual” y alentar a los fieles a unirse en oración. También se indicó que en las próximas horas se proporcionarán los detalles sobre las ceremonias religiosas y funerarias.
Lara Barajas tomó el mando de esta comunidad en 2008, tras el deceso del fundador Nabor Cárdenas Mejorada, conocido como “Papá Nabor”, quien estableció este asentamiento en 1973 tras supuestas visiones de la Virgen del Rosario. Desde entonces, Martín de Tours dirigió una estructura religiosa autónoma, no reconocida por la Iglesia católica, que incluso había excomulgado al fundador.
Bajo su liderazgo, Nueva Jerusalén, conocida también como La Ermita, continuó siendo una comunidad cerrada, con reglas estrictas que regulan la vida diaria de sus miembros. Estas incluyeron limitaciones al acceso a la educación laica, rechazo a los medios de comunicación y la imposición de códigos de vestimenta y comportamiento, especialmente para las mujeres.
Uno de los episodios más significativos de este modelo ocurrió en 2012, cuando miembros del grupo religioso destruyeron tres escuelas dentro de la comunidad, considerando que la educación oficial contradecía sus creencias, lo que provocó la intervención de las autoridades y evidenció el nivel de confrontación con el Estado mexicano.
Además del aislamiento, la comunidad ha sido acusada por habitantes disidentes de la falta de acceso a servicios básicos como salud, agua potable y registro civil, así como por bloquear, en algunos casos, la entrada de personal médico y autoridades, en un contexto de marginación en el que residen más de 5,000 personas, en su mayoría dedicadas a la agricultura.
En los últimos años, el liderazgo de Martín de Tours enfrentó divisiones internas. A los grupos tradicionales, religiosos y disidentes, se agregó un tercer bloque que, sin abandonar sus creencias, cuestionó las decisiones de la élite religiosa.
El liderazgo de “Martín de Tours” se fue afianzando con el tiempo en la Nueva Jerusalén, donde los padres no registran a los menores ante el Estado y se ha llegado a restringir el acceso de personal de vacunación.
El recientemente fallecido también fue cuestionado por operar bajo un esquema de control interno con presencia armada.
Los habitantes disidentes informaron sobre la existencia de la denominada “Guardia de Jesús y María”, un grupo de alrededor de 60 hombres que, según testimonios, portaban armas de alto calibre y actuaban como fuerza de protección de la jerarquía religiosa, además de asegurar el cumplimiento de sus normas dentro de la comunidad, en un entorno caracterizado por el aislamiento y la falta de intervención institucional.
En este contexto, Lara Barajas, actuando “bajo mandato divino”, nombró a Rosa Gómez, a quien se le atribuye el título de “vidente” y que es considerada la segunda autoridad en la organización, para asumir la responsabilidad del orden, argumentando que recibe orientaciones de índole religiosa.
La resolución fue contestada por el autodenominado Grupo Democrático Nueva Jerusalén, que pidió la intervención del Ayuntamiento de Turicato para asegurar un procedimiento electoral, en conformidad con el principio de laicidad del Estado.
La organización interna de la comunidad se ha mantenido en un esquema de dominio religioso que fundamenta sus decisiones en presuntas revelaciones, lo que ha dado lugar a conflictos recurrentes con grupos que exigen mayor apertura y el reconocimiento de derechos fundamentales.
La muerte de Martín de Tours se produce en un ambiente de tensiones internas y con incertidumbre sobre quién sucederá en el liderazgo, lo que podría alterar el equilibrio de poder en esta comunidad situada a aproximadamente 137 kilómetros de Morelia, donde históricamente han coexistido la devoción, el aislamiento y las disputas.
