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Gladys sigue creyendo que es la buena y Cortés cree que va a ganar

Impresiona lo que puede hacer la pasión política. Basta con que alguien repita que uno es “el bueno” para que algunos empiecen a creérselo. Se acercan las elecciones y abundan quienes se sienten favoritos, indispensables y dueños de la victoria. Pero cada proceso deja huellas, y las fuerzas políticas no suelen cambiar de manos de la noche a la mañana. En Michoacán, conviene mirar los hechos antes de repartir candidaturas.

Primero está Gladys Butanda. ¿Quién le hizo pensar que merece volver a competir, ahora por la alcaldía de Morelia? Su aspiración a la candidatura por la gubernatura no prosperó y quedó rezagada. Eso tendría que invitarla a revisar su posición, no a dar por hecho que una nueva candidatura está a su alcance. Ser cercana al gobernador —o tener vínculos familiares con él, como se comenta— no basta para justificar una postulación. Las candidaturas no deberían ser premios de parentesco ni fichas para saldar compromisos.

Además, ¿qué trabajo político respalda su aspiración? Una cosa es decir que se ha hecho mucho y otra demostrarlo con resultados, presencia y organización. Llevar poco tiempo en política no descalifica a nadie por sí solo, pero tampoco convierte a una persona en figura consolidada. Para aspirar a gobernar Morelia hacen falta más que recursos o relaciones: se necesita una trayectoria que convenza a la ciudadanía y una estructura capaz de sostener una campaña.

El gobernador también tendría que preguntarse qué puede negociar y con qué capital político. Ya recibió una oportunidad importante cuando obtuvo la candidatura que lo llevó al gobierno estatal, con el respaldo de Raúl Morón. Pretender influir ahora en la sucesión no significa que pueda colocar a cualquier perfil. El tiempo para construir una candidatura competitiva no se improvisa, y el poder prestado no reemplaza el trabajo propio.

Luego está Marko Cortés y la confianza con la que algunos imaginan el futuro político de su hermano, a la alcaldía de Morelia. ¿De verdad creen que tienen la elección asegurada? La capital no se gana por apellido ni por acuerdos de cúpula. Se gana con una administración que convenza, con organización y con trabajo constante en las calles. El alcalde ya tiene la candidatura a la gubernatura, pero, tendrá que demostrar que puede construir algo más amplio que una candidatura local.

Tampoco conviene subestimar a Morena. Puede conservar ventaja en Morelia por el peso de su marca y por el momento político, aunque eso no garantiza una victoria automática. La oposición necesita candidatos competitivos, presencia territorial y propuestas claras. El PAN, por su parte, enfrenta el desgaste de Marko Cortés, cuya imagen no parece suficiente para arrastrar al partido hasta la capital.

Las elecciones no se ganan porque alguien se crea “el bueno” ni porque un dirigente anuncie que su grupo va a triunfar o su hermano en este caso. Se ganan con respaldo real, trabajo y credibilidad. Gladys y los Cortés harían bien en medir sus posibilidades con esos criterios. La ciudadanía, al final, no vota por ilusiones: vota —o castiga— según lo que ve.

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