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La Bandera Blanca

Una bandera blanca suele anunciar tregua o rendición. En Morena, en cambio, parece que la sacan para declarar victoria antes de que empiece el pleito. Y esa maña no nació ayer: viene de lejos, de cuando algunos apellidos pesaban más que los resultados.

Ahí está Lázaro Cárdenas Batel. A muchos les pareció que la gubernatura le llegó con la herencia política de la familia; gobernar bien, claro, era otro boleto. Su administración dejó cuentas y decisiones que todavía merecen explicaciones. También declaró, según se le atribuye, que en Michoacán todos sabían leer y escribir. Bonita bandera blanca: el analfabetismo, derrotado por decreto y de puro discurso. Si la realidad no cooperaba, pues ni modo: que cooperara el micrófono.

Años después llegó Andrés Manuel López Obrador con su propio pañuelo blanco. Anunció que la corrupción se había acabado, como quien barre la sala y esconde el polvo debajo del tapete. Pero una consigna no es auditoría, y un pañuelo tampoco es certificado de honestidad. Si hay señalamientos sobre negocios, amistades o dinero alrededor de sus hijos, que se investiguen con pruebas y que las autoridades expliquen qué encontraron. La familia presidencial no debería pedir aplausos por adelantado ni esconderse detrás de la consigna de que todo es campaña.

Porque en política el apellido abre puertas, pero también prende reflectores. Y cuando aparecen versiones sobre viajes, propiedades, cuentas o amistades de lujo, la respuesta no puede ser “yo no fui” con cara de estampita. Que hablen los documentos, que revisen las autoridades, si es que quieren y que cada quien responda por lo que se pueda demostrar. Así funciona la rendición de cuentas, aunque a los poderosos les dé urticaria.

La bandera blanca de Morena ya parece mantel de botanería: la ponen encima del escándalo y esperan que el comensal se distraiga con otra cosa. Pero la gente no es tan fácil de marear. Una declaración no borra una pregunta, y repetir “se acabó la corrupción” no vuelve transparente lo que todavía necesita explicación.

Al final, la tregua que hace falta no es entre políticos y sus críticos. Es entre el discurso y la realidad. Y mientras sigan ondeando pañuelos para tapar preguntas, en vez de contestarlas, la bandera blanca va a parecer menos símbolo de paz que servilleta para limpiar el tiradero.

Diría un personaje muy allegado a mi; “El Dinero mal habido por los padres se lava en los hijos”, pero esto parece romper la regla a toda execpción, con los hijos de lopecitos, Andito no lavó nada todo se lo guardo y todavía quiere más. Una cosa es cierta, este personaje, “Almicar” no tarda en aparecer muerto en algún camino de la India, sin ser reconocido y muerto de un atropello, del cual no sabremos hasta unos años después cuando su esposa se entere.

Un López acorraldo es un depredador silencioso y con huevos, por en este momento se siente protegido de hacer caulquier cosa ilegal, Almicar peligra, pero el cree en sus amigos y socios, pero lo que no sabe es que el poder es más potente que cualquier energía en el universo y esto lo pone en peligro. Desde esta semana ya no tiene poder y mucho menos vida, por mucho de los 3,000 millones de pesos que haya trasferido, no valen nada en comparación de su vida, pobres de sus hijos estarán marcados el resto de su vida, como fue con Pablo Escobar, nunca hallaran paz en su vida

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