Uno pensaría que, después de ver un Mundial —esa fiesta donde el fútbol une naciones, familias y hasta al señor que jura que “ahora sí” México llega al quinto partido—, algo aprenderíamos. Pero no: parece que la FIFA nos dejó una clase magistral de cómo convertir la pasión deportiva en negocio particular. Y algunos dirigentes locales, muy aplicados ellos, tomaron apuntes con plumón fosforescente y se lo tatuaron en el Cu…
El fútbol debería ser comunidad, sueños, disciplina y convivencia. Hay gente que vive, come, sueña y, sí, hasta hace del baño pensando en fútbol. Pero una cosa es amar el deporte y otra muy distinta usarlo como si fuera caja chica, escalera política o negocio familiar.
En la Liga Municipal de Fútbol se percibe un estancamiento preocupante. Años pasan, dirigentes se acomodan y los resultados no aparecen ni por error de WhatsApp. Se habla mucho de crecimiento, pero la Liga parece estar jugando el partido sin balón, sin estrategia y con el árbitro volteando para otro lado y más aún sin VAR.
Una liga municipal debe funcionar con democracia, transparencia y respeto por quienes pagan inscripción, compran uniformes y se parten el lomo cada domingo. Porque “chingarse el dinero” de una organización deportiva no vuelve rico a nadie; apenas alcanza para quedar mal con todo el pueblo. Y de poder, ni hablemos: hasta quien ha querido usar estos puestos como trampolín político termina descubriendo que la afición tiene mejor memoria que un elefante con credencial de elector.
La realidad se ve en las canchas: espacios descuidados, mala organización y partidos que deberían ser convivencia familiar, pero que a veces terminan pareciendo un más de la triste historia del Estado en nota roja. Cuando un encuentro de fútbol llama más la atención por la violencia que por los goles, algo está muy mal en la dirección técnica… y no hablamos de los dirigentes.
La Liga necesita renovación: nuevas personas, nuevas ideas y, sobre todo, una forma moderna de trabajar. Basta de los tiempos antidigitales, de la presión, del “así se ha hecho siempre” y de llevar cuentas como si fueran recetas secretas de la abuela. Hoy se requieren tecnología, planeación, reglas claras y dirigentes que entiendan que servir al deporte no es servirse del deporte.
Ya es momento de dejar entrar a generaciones mejor preparadas o al menos con experiencia deportivita que no por jugar en el terreno de lado significa algo, con visión, inteligencia y ganas de hacer crecer al fútbol municipal. Que la Liga vuelva a ser competitiva, organizada y gloriosa; que gane el jugador, la familia, el barrio y la comunidad.
Porque el fútbol municipal no necesita más dueños. Necesita servidores. Y, de preferencia, que sepan distinguir entre administrar una liga y administrar una tanda.
