Durante el segundo trimestre de 2026, Michoacán experimentó una tasa de desempleo del 1,8%, posicionándose entre los estados con los niveles más bajos de desempleo en México, compartiendo esta distinción con Puebla.
La cifra total de empleo del estado fue de aproximadamente 2,218,946 personas, mientras que el número de personas desempleadas fue de alrededor de 40,099.
La tasa de participación laboral se situó en 59,4%, indicando el porcentaje de la población en edad de trabajar activamente involucrada en el mercado laboral.
Además, la tasa de empleo fue notablemente alta, con un 98,2%, reflejando una proporción sustancial de la fuerza laboral empleada.
A pesar de estas cifras alentadoras sobre el desempleo, una parte significativa de la población empleada seguía involucrada en trabajos informales.
Específicamente, el 71,3% de los trabajadores en Michoacán trabajaba de manera informal, una tasa considerablemente por encima del promedio nacional del 55,1%.
Este alto nivel de empleo informal resalta los desafíos continuos relacionados con la seguridad laboral y las protecciones sociales dentro del estado.
Además, la tasa de condiciones laborales críticas se registró en un 41,4%, superando el promedio nacional del 38%.
Tales condiciones indican que muchos trabajadores enfrentaban horas de trabajo reducidas, ganaban por debajo del salario mínimo a pesar de trabajar más horas, o trabajaban más de 48 horas por semana ganando hasta el doble del salario mínimo.
El subempleo también representaba una preocupación, con un 10,7% de los trabajadores clasificados como subempleados, lo que significa que deseaban más trabajo o más horas, en comparación con la tasa nacional del 6,9%.
En todo el país, aproximadamente 33,1 millones de personas, lo que representa el 55,1% de los empleados, trabajaban en el sector informal.
En el área metropolitana de Morelia, la tasa de desempleo fue ligeramente mayor, con un 2,0%, y el 48% de la fuerza laboral estaba involucrada en empleos informales.
La tasa de subempleo en esta región fue del 6,8%, reflejando disparidades regionales en las condiciones de empleo y la necesidad continua de políticas destinadas a formalizar el trabajo y mejorar la calidad del empleo.
