Por definición, un pasquín es un escrito anónimo, satírico, crítico y normalmente contra político, colocado en público para ridiculizar a autoridades o instituciones. Nosotros no somos anónimos, pero aceptamos con gusto la parte crítica. Si eso incomoda al poder, entonces algo estaremos haciendo bien.
Siempre hemos sido críticos con el gobierno, sin importar el color del partido. No crecimos al amparo del PRI, del PAN y mucho menos de Morena. Hemos estado del lado de la gente: de quienes trabajan, de quienes tienen necesidades y de quienes casi nunca aparecen en los discursos oficiales.
Morelia es nuestra ciudad. Aquí crecimos y aquí aprendimos que el poder político suele concentrarse en unos cuantos, mientras las necesidades se reparten entre muchos. La ciudad ha cambiado, sí; ha crecido, también. Pero sigue arrastrando problemas que ningún eslogan, inauguración o conferencia puede esconder.
Ser críticos tiene costo. Hemos sido marginados, nos han querido reducir a migajas y más de una vez hemos tenido que cargar errores ajenos. No somos extorsionadores ni criminales; hacemos periodismo con lo que tenemos, con poco dinero quizá, pero con dignidad y oficio.
Ahora, con el internet, aparecen cifras enormes de lectores y seguidores. Uno quisiera creerlas todas. Lo importante, sin embargo, no es el número: es que una voz crítica alcance a quien debe escucharla.
Por eso causa gracia que algunos políticos recién llegados descubran de pronto la palabra “crítica”, pero sólo cuando les conviene. Hay quienes defienden intereses que nadie eligió y luego se presentan como protectores del pueblo. No engañan a todos.
Somos un periódico humilde, pero orgulloso. Llevamos años señalando lo que otros prefieren callar. Y sí: cansa ir contra la corriente. Pero cansa más ver a políticos que llegan al cargo para enriquecerse, acomodar a los suyos o asegurar su futuro mientras dejan a la gente con las promesas de siempre.
Quien nos llamó pasquín tal vez lo hizo porque le dolió lo publicado. Que se ponga el saco quien le quede. Un político que hace bien su trabajo no tendría por qué temer a una crítica; debería responder con hechos.
A los políticos de pacotilla les decimos: si hacen algo mal, seremos de los primeros en señalarlo. Nuestro golpe quizá no sea grande, pero será certero. Como dijo Martí: si no pueden con su trabajo, renuncien.
El poder es prestado. El dinero se acaba. Los cargos terminan. Y la memoria de la gente, aunque algunos la subestimen, suele ser más larga que sus discursos.
