Uno prende la radio, abre el periódico, se asoma a las redes o se deja caer por la tele, y parece que cada quien trae una encuesta debajo del brazo. Unos van arriba, otros “subiendo como la espuma” y otros ya se sienten con la banda puesta. Pero, con todo respeto para las casas encuestadoras: no se me emocionen tanto, porque en la política michoacana hay mediciones que traen más maquillaje que muestra.
Mi impresión —y subrayo que es opinión, no bola de cristal ni oficio sellado— es que Morena muy probablemente volverá a ser protagonista en la elección por la gubernatura. Tiradores hay de sobra; parece fila de taquería cuando anuncian promoción. Todos hacen su luchita, saludan, abrazan, se toman la foto y le echan ganas al baile. Pero arriba, donde se reparten las cartas y se baraja sin enseñar la mano, da la sensación de que la decisión importante no se tomará precisamente en una encuesta.
Primero hay que saber quién trae a quién, porque en esto nadie llega solo ni con puro corazón. Cada aspirante carga equipo, padrinos, estructuras, simpatías y una que otra factura pendiente.
Gladyz Butanda aparece como una carta cercana al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla. Es una figura que encaja con la línea gubernamental y representa la posibilidad de continuidad. Sus críticos dicen que su crecimiento ha sido demasiado rápido; sus simpatizantes, que ha sabido seguir la ruta marcada. Como sea, no hay que confundir cercanía con candidatura: en política, el que trae el plato no siempre se queda con el mole.
Carlos Torres Piña también juega fuerte. Aunque no todos lo ven como parte absoluta del círculo íntimo del gobernador, se le reconoce lealtad y oficio político. Su apuesta parece presentarse como una opción de continuidad con estructura propia. Y ojo: una cosa es creer que ya trae la bendición y otra muy distinta es que ya le hayan apartado la silla. Luego por andar midiendo el traje antes de tiempo, se les atora el cierre.
Raúl Morón llega con respaldo y experiencia dentro de Morena, además de relaciones importantes con figuras nacionales y locales. También representa una corriente distinta a la del actual gobierno estatal. Esa distancia puede ser obstáculo o ventaja, según desde qué escritorio se reparta el café. Lo cierto es que su nombre tiene peso; y cuando un nombre pesa, más de uno empieza a cuidar dónde pisa.
Fabiola Alanís cuenta con trayectoria partidista y presencia en grupos políticos y magisteriales. Sus detractores cuestionan que su proyecto dependa demasiado de alianzas y posiciones; sus aliados sostienen que conoce la maquinaria desde adentro. En otras palabras: trae callo, aunque todavía falta ver si le alcanza para poner la mesa completa.
Celeste Ascencio tiene preparación y perfil propio, pero enfrenta el reto de consolidar estructura territorial. En una elección de gobernador no basta con tener discurso bonito y buena foto: hace falta gente en los municipios, operadores, defensores del voto y hasta quien sepa dónde sirven el mejor café. Sin estructura, el candidato puede traer mucho verbo, pero le falta piso.
Gabriela Molina, por su parte, mantiene una identidad partidista clara, aunque aún tendría que demostrar que puede construir competitividad suficiente para una campaña de ese tamaño. Porque querer es poder… pero en política también hay que poder querer con equipo, presupuesto, territorio y una suela bien gastada.
Y sí, hay otros nombres circulando, pero por ahora el caldo no parece alcanzar para todos.
Ahora, sobre las encuestas: conviene tratarlas como se trata al chile habanero, con respeto y sin meterle toda la cuchara de golpe. Una encuesta seria necesita una muestra adecuada, selección aleatoria, cobertura geográfica y metodología transparente. Si no sabemos cuántas personas fueron entrevistadas, en dónde, cómo y bajo qué criterios, el numerito puede sonar muy bonito, pero no necesariamente dice toda la verdad.
Las encuestas sirven para medir el momento; no para dictar el destino. Hoy alguien aparece arriba, mañana se le baja el soufflé, y pasado mañana resulta que el partido decidió por otro lado. En Morena, como en muchos partidos, las definiciones importantes no siempre nacen de una gráfica de colores: también pesan los acuerdos, las alianzas, los liderazgos y la voluntad de las cúpulas.
Así que no compre boletos de triunfo todavía. Falta mucho baile, mucha foto, mucho abrazo y uno que otro codazo debajo de la mesa. Las encuestas entretienen, pero la candidatura —esa mera— parece que ya trae dueño… o al menos ya anda muy cerca de sentarse a la mesa.
